Durante seis meses, mujeres del Centro Penitenciario Femenino de Temuco participaron en un proceso formativo impulsado por la Universidad de La Frontera, orientado a fortalecer habilidades socioemocionales, capacitación técnica en impresión 3D y herramientas para el trabajo y el emprendimiento.
La experiencia forma parte de EcoCreArte, iniciativa liderada por la académica e investigadora de la UFRO, Dra. Alba Zambrano, y adjudicada en el concurso Desafíos de Innovación con Perspectiva de Género 2025, convocatoria que busca impulsar soluciones innovadoras a problemáticas que afectan a las mujeres desde distintos ámbitos.
Recientemente, participantes, equipo ejecutor y autoridades se reunieron para compartir los aprendizajes y resultados alcanzados durante este proceso, que combinó talleres psicosociales, formación técnica y contenidos orientados al desarrollo laboral y de negocios.
La investigadora responsable del proyecto, Dra. Alba Zambrano, explicó que la iniciativa surge a partir de la necesidad de generar oportunidades formativas para mujeres privadas de libertad, considerando las múltiples barreras que enfrentan antes y durante su paso por el sistema penitenciario.
“El proyecto EcoCreArte incluye una dimensión psicosocial para trabajar las trayectorias de vida y el desarrollo de habilidades sociales; un componente técnico asociado al uso de impresoras 3D; y un componente de comercialización”, señaló la académica.
La investigadora destacó además que el proyecto busca ir más allá de una experiencia puntual, generando evidencia y aprendizajes que permitan proyectar y replicar este tipo de iniciativas en otros contextos: “Aborda un problema relevante a nivel social y el desafío desde la labor de la universidad es integral: formación, investigación e innovación. La idea es generar un prototipo y sistematizar información que permita escalar esta experiencia, de manera que pueda repetirse en este centro y también implementarse en otros centros de la región y del país”, agregó.
Aprendizajes y nuevas oportunidades
Uno de los participantes del proyecto, Daniel Candia Arriagada, valoró el impacto que tuvo la capacitación, especialmente en el ámbito de la impresión 3D, destacando las oportunidades de aprendizaje y desarrollo que surgieron a lo largo del proceso.
“La disposición de las profesoras siempre fue súper buena; el respeto fue mutuo. Esta es una nueva oportunidad de trabajo que se me ha dado; empezamos con cosas básicas y hoy ya se puede hacer lo que uno quiera. Valoro el espacio que nos han dado las funcionarias y el voto de confianza que han tenido. Espero que en la segunda fase que viene se pueda integrar a más gente, para que puedan seguir aprendiendo y descubriendo capacidades que uno no sabía que tenía afuera”, comentó.
El proyecto también contó con la participación de estudiantes de postgrado de la Universidad, quienes colaboraron en el desarrollo de las distintas actividades. Tania Baeza, estudiante del Magíster en Psicología Comunitaria destacó el valor humano de la experiencia y los aprendizajes obtenidos durante el trabajo realizado en el Centro Penitenciario Femenino.
“Este espacio genera una apertura de mente súper grande. Conocer y humanizar el trato hacia las mujeres que están en prisión es algo muy valioso desde lo humano. Finalmente, todo esto decanta en un proceso donde se observa un crecimiento, tanto de nosotros como equipo, como también de las participantes que estuvieron con nosotros durante estos casi seis meses”, indicó.